Punta Lourde-Rocheblave (3.104 mts.)

Punta Lourde-Rocheblave (3.104 mts.)
25 de Julio del 2008

25 mayo 2008

"Un rescate así es la grandeza absoluta"

ÓSCAR GOGORZA - Pamplona - 25/05/2008
Se puede entender la montaña y valorar profundamente a un alpinista aun sin tener la fiebre de las cimas. Jorge Nagore no es un montañero. Ni falta que le hace. Este periodista de Pamplona era una de las personas más unidas a Iñaki Ochoa de Olza y, junto a Koldo Aldaz y Cris Orofino, integrante del núcleo duro responsable de la coordinación de un rescate que, si no llegó a tiempo de salvar al navarro, ha dignificado valores como la amistad y la solidaridad. Nagore desvela los entresijos de seis días de pelea y recuerda que él es sólo una más de las numerosas personas que se volcaron para socorrer a Ochoa de Olza.
Pregunta. ¿Cómo empezó todo para el pequeño grupo que ha coordinado las labores de rescate de Iñaki?
Respuesta. El martes, después del shock del lunes, Koldo Aldaz comprueba que no es operativo que cada uno de nosotros realicemos gestiones desde nuestras casas, con pocos medios. A pesar de que tanto a Horia Colibanasu como a Iñaki se les terminan las baterías del teléfono satélite y que desde el lunes a las seis de la tarde no sabemos nada de ellos ni de Alexei Bolotov, Koldo ve ese día que es prioritario centralizar el esfuerzo. Por eso se pone en contacto con Diario de Navarra, copatrocinador de Iñaki junto con Lorpen, le pide ayuda y el periódico se vuelca. Y, entonces, desde la madrugada del martes hasta el miércoles y hasta hoy, aquí estamos unos cuantos. Simplemente, ha coincidido que somos diez o doce. Podríamos haber sido varios miles. Pero no había una sala tan grande. También hay que decir que, sin la increíble ayuda de los equipos que en casa tenían todos los escaladores, de los gestores de la página web mounteverest.net y de muchísima más gente, habría sido inviable.
P. Hace apenas diez años no existían los teléfonos vía satélite. ¿Qué habría sido de Iñaki sin la posibilidad de este tipo de comunicación?
R. Habría muerto posiblemente de inmediato, quizás el jueves, porque no habría tenido la dexametaxona y el corticoides que Ueli Steck le inyectó ese día. ¿Quién sabe? Horia habría bajado después de haberle cuidado como lo ha hecho ahora, pero con mucha más angustia porque no habría tenido la ayuda moral que ha tenido y el conocimiento de lo que se estaba organizando y de la gente que venía. Tal vez también habría muerto.
P. ¿Cómo explicar el gesto de Colibasanu, el regreso sobre sus pasos de Alexei Bolotov o la carrera montaña arriba de Steck y Dennis Urubko?
R. Amistad, compromiso, cariño, admiración por Iñaki, sembrar y recoger, respeto... La grandeza absoluta. No hay palabras. Es que no las hay. Cualquiera que sepa lo que supone la cara sur del Annapurna y esa ruta estará de acuerdo.
P. ¿Cuántas veces se sintió impotente pese a semejantes esfuerzos?
R. Tantas como feliz y profundamente emocionado cada vez que cada una de las cientos de pequeñas mínimas gestiones salían bien o mal, algo se retrasaba o algo no encajaba. Pero, ante todo, estaba impresionado por lo que hacía esa gente allá. Lo dijo Gregorio Áriz: "Ha sido una pirámide perfecta". Todo estaba planeado al milímetro por ellos para que el viernes a Iñaki le llegara el oxígeno de Urubko, que la cámara hiperbárica llegase al campo 3... Entre Steck, Urubko y Don Bowie, algo más retrasado que Urubko pero que también habría llegado al campo 4, tratarían de bajar a Iñaki como pudieran hasta el campo 3 o lo más cerca posible.
P. ¿Cómo y dónde han vivido estos seis últimos días?
R. En la arista este de la cara sur del Annapurna con miles de personas más que conocían y querían a Iñaki antes de esto y millones más que le han conocido ahora y se han impresionado por el drama y por el increíble gesto del que creemos que es el primer rescate de esta envergadura en la historia: sólo dos de los 14 escaladores que han participado estaban en esa montaña cuando se produjo el accidente. Si se refiere a dónde físicamente, en una sala del Diario de Navarra casi las 24 horas, aunque hemos hecho turnos para no derrumbarnos. Respecto al cómo, con una mezcla de realismo y, al tiempo, optimismo, asombro, tensión absoluta y emoción infinita. A todos se nos saltaban las lágrimas cuando nos enterábamos de que Bogomolov subía y Bolotov sufría, pero resistía para apoyar e incluso subir al campo 3. Han estado 14 escaladores y desde ahora para nosotros los 14 ochomiles son ellos.
P. Fallecido Iñaki, apenas se concedieron unos minutos antes de ponerse manos a la obra para garantizar la seguridad de las 14 personas diseminadas por la montaña. No tuvo que ser fácil cambiar de registro...
R. Decir lo contrario sería mentir. Pero este grupo lo bueno que ha tenido es que todos somos diferentes. Cada uno aportaba ideas distintas, frialdad, emoción, todo lo que tenía... En ese momento la frialdad de Juan nos lo hizo ver claramente. Lo vimos al instante, a los 15 minutos de escuchar la noticia de los labios de Horia y de que Pablo llamara a la familia. Era crucial trabajar para que se enteraran los escaladores lo antes posible y regresaran lo más bajo que pudieran. Y era vital que los helicópteros siguieran allá ante la posibilidad de que el tiempo empeorara. Todo el viernes el tiempo fue malo y para ayer y hoy las previsiones todavía eran peores. Afortunadamente, nuestros particulares héroes ya están a salvo gracias exclusivamente a su talento, fuerza y técnica. Desde aquí sólo se ha intentando presionar, informar y avisar. Poco más. Todo el mérito es de ellos.
P. Ayer, uno de los hermanos de Iñaki pudo al fin hablar con Colibasanu. ¿Cómo fue?
R. Sabíamos durante toda la noche que cada minuto que Iñaki aguantaba era un milagro, dado que su edema pulmonar avanzaba y que cada vez la respiración era más acelerada y fuerte. Pablo hablaba con Horia y con Nancy [compañera de Iñaki, presente en el campo base] cada vez que podía. Aunque el resto estuviéramos en otras cosas, conteníamos la respiración, le mirábamos, esperábamos. Enseguida nos hacía gestos para tranquilizarnos y seguíamos. La última vez no fue posible. Escribió RCP, reanimación cardiopulmonar; dibujó una cruz y nos quedamos en silencio. Duro, muy duro. Ver llorar como un niño a un médico intensivista como Koldo Martínez, que nos acompañó los dos últimos días y noches, que las ha visto de todos los colores en medicina y que no conocía de nada a Iñaki, plasma el nivel de tensión y compromiso que había.
P. Seguramente, Iñaki habría escrito una crónica fantástica con todos estos sucesos...
R. Que nadie lo dude. La habría titulado a su manera punki, Pa habernos matau, o así. No sabemos si echaremos más de menos al Iñaki que escribía, al que daba charlas fantásticas, al que subía o no subía montañas o a qué Iñaki. Es, al margen de lo personal, una pérdida enorme para el himalayismo mundial. Esas 14 personas también lo entendieron así, al igual que otros muchos escaladores que se ofrecieron, pero que no llegaron a tiempo a los vuelos.
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